viernes, 24 de agosto de 2012

miércoles, 15 de agosto de 2012

De satisfacciones y simplezas

Nos han enseñado, aunque no explícitamente, que sólo con mucho llegaremos a ser plenamente felices. No comparto esta idea absurda. Podemos encontrar felicidad en las pequeñas cosas. A mí me hace feliz poder mirar una película con alguien que quiero mucho, reír con amigos, un día de sol afuera y también oler el pasto recién cortado. Si, me encanta. Sin dudas estas cosillas pueden cambiar mi humor en un día difícil. Simplezas. Vale la pena buscar esos detalles que nos acercan al ideal de felicidad. Si es que tal cosa como “absoluta” siquiera existe (quien quiera creer, que crea). 

En definitiva, nadie puede darnos una definición exacta de lo que significa ser felices.. al fin y al cabo percepción del mundo es diferente para cada uno. Así que la felicidad, por lógica, también (JA como si la vida tuviera algún tipo de lógica). Todo lo que hacemos es tan exacto como sumar dos más dos y obtener por resultado un tres. De satisfacciones, de eso se trata intentar ser felices. Llenar ese vacío que aparece cuando queremos hacer algo y no lo hemos hecho aún. ¡Y qué bien se siente lograrlo! Según lo entiendo, es lo más parecido a la felicidad. Ah, fundamental es sonreír mucho, todo el tiempo si es posible, mejor aún si es mostrando los dientes, mi forma preferida: los cachetes se inflan, los ojitos se achinan y los ojos brillan… y por detrás (muchas veces) viene un no sé qué que suena algo así como “JAJAJA”. Ah, sí, una carcajada. Belleza pura.

martes, 14 de agosto de 2012

Pequeños relatos acerca de los Ellos

Por lo menos una vez al año, un tercio de la población de los ellos sufre calambres estomacales. No se descubre aún el origen de los mismos, pero lo que sí se sabe con certeza es que, más que “sufrirlos”, como les he dicho antes, los celebran. Han sabido sobrellevar el contratiempo sintiéndose orgullosos de su condición y lo demuestran a toda la naturaleza con un gran festival que se da lugar en las hojas más bajas del árbol central donde residen por el mes de Septiembre. 
Allí no faltan bebidas, ni comidas, ni hongos, ni animales. Incluso las aves que migraron a sitios más cálidos envían sus saludos (y siento que con mucho pesar, ya que nadie quisiera perderse por nada del mundo semejante evento). En esta ocasión, para los ellos, la creatividad no tiene límites. Todos los años, aunque sintiendo algo en el fondo de sus pancitas, bailan, cantan, beben y se emborrachan con toda la miel que sus amigas abejas les ofrendan admiradas de su fortaleza. 
Han sabido siempre sobrellevar el dolor, incluso dicen no conocerlo: “¿Cómo duele? ¿Dónde?” preguntan a otros animales, que totalmente desconcertados no lo pueden creer. Es ésta una de las razones por las que se cree que los ellos son seres mágicos, extraordinarios y (claro está) diferentes. 
Los ellos más ancianos enseñan a sus descendientes que el dolor no es más que una sensación, un estado de la mente, que fácilmente puede ser removido de ella. Basta con mirar brillar el sol, con recibir un abrazo de un ser querido. También ayuda mucho sonreír a los demás, ya que las sonrisas son la fuente de contagio más grande de amor. La fuerza viene de adentro, de la entereza del espíritu y la tranquilidad del corazón.

Los Ellos

En la última gota de lluvia de verano que cae sobre las hojas de los arboles mas altos viven ellos. No llevan nombre ni apellido, más viven en una sociedad casi tan compleja como la humana: los jefes de familia se encargan de conseguir el alimento para sus crías que a su vez se encargan de llenar de algarabía los espacios más recónditos de la hoja que habitan. 
Todos sabemos acerca de su existencia, pero en realidad nunca los hemos visto. Mucho se dice acerca de su apariencia y el modo en que andan, pero nadie logra dar una descripción acertada, ni siquiera cercana a la realidad concreta de los ellos. 
Para los ellos, nosotros, grandes gigantes sumidos en la dificultosa tarea de la vida cotidiana, pasamos desapercibidos. De hecho, cuando no llueve aquí, ni siquiera nos ven. Viven en hojas de otras partes del mundo, siempre viajando con la lluvia, el medio de transporte más rápido y menos contaminante que existe en el planeta tierra. 
Siempre, cerca de la hora del té, salen a dar una vuelta por hojas más bajas y pequeños arbustos, donde se encuentran con diversos animales con quienes mantienen largas conversaciones acerca de la altura del sol, la velocidad del viento y la fuerza de las olas del mar. Los ellos, nómades de la vida, son expertos en todo cuanto se trate de la naturaleza. Grillos, pájaros y hasta perros quedan anonadados al escuchar las historias de la remota India, la inmensa sabana africana y los pintorescos países de tinte colonial que existen allí por Centroamérica. 
Cuentan que es un espectáculo imperdible oírlos cantar, pero son solo los animales quienes tienen el honor y la suerte de hacerlo, ya que, según me han dicho, los seres humanos no poseemos la habilidad de disfrutar de lo pequeño y lo efímero, de lo casi imperceptible. Sino que vivimos, más bien, siempre anhelando más y más grande, más nuevo, más caro, más lujoso. Y eso, a los ellos los ofende, por lo que nunca podremos conocerlos en persona, ni saber bien de qué se tratan, a menos que cambiemos nuestra esencia y dejemos a lo verdaderamente esencial aflorar de nuestro seres.


                          

lunes, 13 de agosto de 2012

Dejarte ir

Si acaso fuimos, somos o seremos
eso aún yo no lo sé...
me detuvo el miedo antes
ojalá no así después.
Más en lo que sí tengo certeza
es que no quiero dormir
si no es sobre tu cuerpo,
enredada toda entre tus brazos.
Pero hoy tu mirada cambiada
en mis ojos se posó
y sin querer, así de golpe,
a toda la verdad me enfrentó.
Siempre me has dolido,
sobre todo en la incertidumbre
en el queriendo (¿o no queriendo?)
marcharte... y para siempre.
Pero esta vez es cierto,
en algo tengo seguridad:
te has ido sin saber si vuelves, 
quizás yo tenga que olvidar.
Y me duele el sólo pensarte
me duele que me vayas a extrañar,
no me inventes en la noche, 
mucho lo hice y hace mal.
¿Qué noctámbulos ardores,
qué intrigantes pensamientos?
qué angustia de esperar tu roce
no sé bien qué más pensar.