No estás solo si elegís no estarlo.
Ni los días son más largos sin poderlos trabajar.
Te estás dejando ir, pero siempre hay vuelta atrás. Todos los colores caben en un arcoiris interior.
De repente me hallo frente a la incontenible desesperación devenida de sentir que mi memoria se va acortando. Cuanto más quiero guardar en mí, como en un cofre, más es lo que pierdo. Y no logro recuperarlo. Y no puedo alcanzarlo. Y ya me olvidé de qué es lo que quería decir.
La calma, un reposo, el descanso
a la espera de algo mejor.
Un lamento olvidado en el viento,
un suspiro que aleje el dolor.
El recuerdo de años felices
que el destino por fin transformó.
Y mi alma que ronda en los pechos
de la gente que siempre me amó.
Impersonal cuando amerite, y finalmente en roca me habré de convertir, para no caer nunca más en un combo de sentimientos forzados, tapando una envidia rebosante de malas vibras. Un cúmulo de erróneos bienestares, por poco fingidos para hacerse notar. Al encontrarme conmigo, entonces veré que en profundidad, no necesito de nadie más que de mi entereza, que me mantenga en pie cuando soplen vientos envenenados de gente queriendo entregar unas payasescas disculpas, para sentirse más a gusto con ellos y no realmente con quien han herido. Y es entonces que habré superado una junta dolorosa, basada en un entendimiento extraño y fraudulento, nunca puro como se creyó y desplegaré mis alas para ser una en el mundo, en compañía sincera de unos pocos, que a cambio de nada, me proveerán fundamentalmente de amor. De ese que rebosa en asuntos dulces y espontáneos, sin exigir más que entregar. Sin pretender más que aportar. Sin adular más que ofrecer verdades.
¿Cuántas veces una ansiedad incontrolable me consume cuerpo y aura enteros? Sin dejar de lado la cabeza, que flota inerte en un cúmulo de ideas, a lo mejor, irrealizables.
¿Dónde quiero estar? ¿Hacia dónde va el camino? ¿Llegaré, tal vez, a tiempo?
Una pregunta tras otra, sangrando de modo irrefrenable. Incontenible. Implacable e insurrecto.
Y de allí una gasa. Un abrazo. Un hecho consumado que genere satisfacción. Una vía de escape a la hecatombe racional. Ahí es cuando, de alas abiertas me tiro al abismo, que visto desde abajo está mucho mejor. Resulta ser un abra, un espacio donde desplegar lo mejor de mí. De aquel otro. De todos.
Una oportunidad de vivir a manera de uno mismo, que felizmente coincide con las de unos pocos más. Un momento especial, siempre para el que quiera. Y el que no, no se enteró jamás que alguna vez habría podido tener la ocasión de siquiera, intentarlo. Sin embargo cabe tener presente que solos andamos, de modo ilusorio en compañía de quienes nos aman, los mismos que un día y sin avisar, pueden desaparecer. Y uno ya lo ha intentado más de una vez. Y pierde sentido repetir la historia, habiendo idealizado en vano, más de una vez a alguno.