Al encontrarme conmigo, entonces veré que en profundidad, no necesito de nadie más que de mi entereza, que me mantenga en pie cuando soplen vientos envenenados de gente queriendo entregar unas payasescas disculpas, para sentirse más a gusto con ellos y no realmente con quien han herido.
Y es entonces que habré superado una junta dolorosa, basada en un entendimiento extraño y fraudulento, nunca puro como se creyó y desplegaré mis alas para ser una en el mundo, en compañía sincera de unos pocos, que a cambio de nada, me proveerán fundamentalmente de amor. De ese que rebosa en asuntos dulces y espontáneos, sin exigir más que entregar. Sin pretender más que aportar. Sin adular más que ofrecer verdades.